Pero cuántas veces sufrirá el delicado placer ausente de los aromas, de los deseos.
Incrédulo a lo que sus ojos le muestran del mundo, cerró los ojos para ver el brillo que algún día solió susurrar al oído, de cara al sol y el cielo opacado por el brillo que emanaba su esencia.
De todas las veces que alteró las ideas, la última fue la más dolorosa.
Las canciones no ayudan, las palabras no existen, los silencios aturden, agobian, encierran, destruyen.
A la lejanía se disuelven melodías escalofríantes, que nunca cesan de disolverse y jamás desaparecen.
domingo, 4 de noviembre de 2007
jueves, 1 de noviembre de 2007
No estabas. Y sin embargo el olor a tarde muerta te formaba, te hacía presente. Fluías hacia mí en un conjunto de sensaciones exasperantes, dolorosas. Siempre el dolor acompañaba tu presencia, tu ausencia. Porque no estabas, porque nunca ibas a estar. Siempre fuiste para mí meramente inteligible. Y ahora sos mi horizonte, te pienso, pero nunca alcanzo tus vehementes pasos que se alejan inconstantes, rígidos, inexistentes. Porque estás y no estás. La frívola antinomia entre el ser y el no ser se desvanece con vos. Estás en todos lados. Pero no estás acá, porque nunca estuviste y no vas a estar. Y no puedo buscarte. Me
arrastran tan ridículamente hacia vos, hacia tu existencia, sabiendo que no puedo buscarte, que no quiero buscarte. Te prefiero así, inexistente pero tan presente en mí, tan absoluta. Lo sos todo. Pero los ininmaginables y oscuros brazos de algo me arrancan de acá y me arrastran hacia vos, hacia el deseo de lo corpóreo. Tan dolorosamente me empujan al mundo indagante de la materia. Me obligan a buscarte tangible e impredecible. Porque no estabas,
y quieren que te busque. Me envuelven en espesas masas pegajosas de miedo y de delirio. De locura intransitable, de violentos espasmos que te quieren cerca, que te necesitan cerca, que me obligan a intentar tu proximidad, tu realidad. Pero te prefiero ausente, tu presencia absoluta. Me obligan al miedo. Aunque tan absoluta sin buscarte, me causás dolor. Porque ahora tu presencia es nada más que inteligible y creo que siempre lo va a ser. Aunque me agiten
tan violentamente hacia vos, no voy a buscarte. Nunca. Te prefiero dolorosamente absoluta y perfecta, me conformo con vos así, inalcansable para mí. Arrastro ligeramente mis dedos en el aire para cubrirme de la luz, para seguir sumido en la oscuridad, mi oscuridad, lo único seguro y mío que me protege del intento. Y espero sin saberlo. Porque la tarde ya tristemente muerta siempre converge en vos y en la noche. Es la legalidad infranqueable del cosmos. Vos y la noche. La noche y vos. La tarde como víctima que los hace posibles.
.
GiMeSsS
arrastran tan ridículamente hacia vos, hacia tu existencia, sabiendo que no puedo buscarte, que no quiero buscarte. Te prefiero así, inexistente pero tan presente en mí, tan absoluta. Lo sos todo. Pero los ininmaginables y oscuros brazos de algo me arrancan de acá y me arrastran hacia vos, hacia el deseo de lo corpóreo. Tan dolorosamente me empujan al mundo indagante de la materia. Me obligan a buscarte tangible e impredecible. Porque no estabas,
y quieren que te busque. Me envuelven en espesas masas pegajosas de miedo y de delirio. De locura intransitable, de violentos espasmos que te quieren cerca, que te necesitan cerca, que me obligan a intentar tu proximidad, tu realidad. Pero te prefiero ausente, tu presencia absoluta. Me obligan al miedo. Aunque tan absoluta sin buscarte, me causás dolor. Porque ahora tu presencia es nada más que inteligible y creo que siempre lo va a ser. Aunque me agiten
tan violentamente hacia vos, no voy a buscarte. Nunca. Te prefiero dolorosamente absoluta y perfecta, me conformo con vos así, inalcansable para mí. Arrastro ligeramente mis dedos en el aire para cubrirme de la luz, para seguir sumido en la oscuridad, mi oscuridad, lo único seguro y mío que me protege del intento. Y espero sin saberlo. Porque la tarde ya tristemente muerta siempre converge en vos y en la noche. Es la legalidad infranqueable del cosmos. Vos y la noche. La noche y vos. La tarde como víctima que los hace posibles.
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