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miércoles, 2 de mayo de 2007

Canción para los días de la vida

Este día empieza a crecer, voy a ver si puedo correr. Con la mañana silbándome en la espalda, o mirarme en las burbujas. Tengo que aprender a volar, entre tanta gente de pie. Cuidan de mis alas unos gnomos de lata, que de noche nunca ríen. Si la lluvia llega hasta aquí, voy a limitarme a vivir. Mojaré mis alas como el árbol o el ángel o quizás muera de pena. Tengo mucho tiempo por hoy, los relojes harán que cante... Y la espuma gira en torno a mi piel, me han puesto manos para hablarle a las cosas de mí. Y al fin mi duende nació, tiene orejas blancas, como un soplo de pan y arroz y un hongo como nariz, cuatro pelos locos y un violín que nunca calla, sólo se desprende y es igual a las guirnaldas. Este día es algo de sal, me dejó vibrando al nacer, pesa y es liviano como un hilo sin nombre, suena un poco a mi guitarra. Tengo que aprender a ser luz, entre tanta gente detrás. Me pondré las ramas de este sol que me espera, para usarme como al aire. Y es que al fin mi duende se abrió, tiene un corazón de mantel y batón y un guiño al ver que todo es verdad. Ya los gnomos cuiden, a un violín que siempre canta, nunca se adormece y es igual a las guirnaldas. Y es que nunca calla, solo se desprende y es igual a las guirnaldas.



Luis Alberto Spinetta

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